El Haetae es una criatura de la mitología coreana que tiene profundas raíces en la cultura y el simbolismo coreano. Se le conoce como un guardián que protege contra desastres naturales y el mal. Es una de las criaturas más emblemáticas del folclore coreano, y su imagen sigue siendo utilizada como un símbolo de justicia y protección en la actualidad.
Una de las características más destacadas del Haetae es su capacidad para discernir entre el bien y el mal. Tradicionalmente, esta criatura se asocia con la justicia y el orden, y se cree que puede castigar a los malhechores o quienes perturban la armonía. Se dice que tiene el poder de prevenir incendios y terremotos, así como otras calamidades naturales. Debido a esta creencia, estatuas de Haetae a menudo se colocaban en lugares importantes, como templos o edificios del gobierno, para protegerlos de posibles desastres.
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Una de las historias más conocidas del Haetae proviene de la dinastía Joseon, cuando esta criatura mítica fue reconocida como un símbolo de protección en la capital, Seúl.
Durante el reinado del rey Sejong, el Grande, hubo un periodo en el que Seúl enfrentó varios incendios devastadores que amenazaban con destruir importantes edificios del palacio. El rey y sus consejeros comenzaron a buscar una solución espiritual. Se consultó a los sabios y adivinos del reino, quienes recomendaron erigir estatuas del Haetae alrededor del Palacio para invocar su poder protector contra el fuego.
Se creía que el Haetae, al ser un guardián justo y controlador de los elementos, podría prevenir futuros incendios y proteger la ciudad de Seúl de otros desastres naturales. Después de que las estatuas del Haetae fueron colocadas alrededor del palacio, la leyenda dice que los incendios disminuyeron significativamente, lo que reforzó la creencia de que esta criatura tenía poderes sobrenaturales para proteger contra calamidades.
Desde entonces, el Haetae ha sido un símbolo protector en la arquitectura coreana, especialmente en lugares de importancia política y espiritual.
En otro mito, se cuenta que el Haetae tenía la habilidad única de discernir entre el bien y el mal con solo mirar a una persona o situación. En tiempos antiguos, se creía que, cuando había disputas sobre la justicia, se invocaba al Haetae para que juzgara. Si el Haetae sentía que una persona era culpable de mala conducta, la atacaría con su cuerno, castigando así a los malhechores.
A continuación, les presento otro relato, que, aunque no forma parte de la mitología, sí resalta las cualidades del Haetae y espero les guste.
Hace muchos siglos, en el antiguo reino de Joseon, vivía un rey sabio y justo, conocido por su amor por la paz y la armonía. Su reino era próspero, las tierras fértiles, y la gente vivía en abundancia. Sin embargo, una sombra oscura se cernía sobre el reino. Cada año, en la misma fecha, un terrible incendio devastaba una parte de la capital, destruyendo hogares, templos y cultivos.
Nadie podía descubrir la causa de estos incendios, y el pueblo comenzó a creer que los dioses estaban furiosos. El rey, preocupado por el sufrimiento de su pueblo, convocó a los más sabios consejeros, chamanes y adivinos para encontrar una solución. Sin embargo, nadie podía ofrecer una respuesta definitiva, excepto una anciana chamán que vivía en las montañas.
Ella les dijo que los incendios eran causados por un mal ancestral que había sido despertado por la codicia y la corrupción en el reino. —Solo el Haetae, guardián de la justicia y protector contra el mal, puede detener las llamas —dijo la anciana—. Pero no vendrá a menos que se haga un juicio justo.
El rey, desesperado por salvar a su reino, ordenó que se construyeran estatuas del Haetae en las cuatro esquinas de la ciudad. Y una vez listas, el rey realizó un ritual para invocar al Haetae.
Al caer la noche, bajo la luz de la luna llena, una poderosa figura emergió de entre las estatuas: un majestuoso Haetae, con su cuerpo cubierto de escamas doradas y un cuerno resplandeciente en su frente. El Haetae habló con una voz profunda que resonaba en toda la capital: —Solo aquellos puros de corazón y libres de maldad podrán salvar este reino. Pero si hay corrupción, el fuego consumirá todo.
El Haetae, con su capacidad de discernir el bien del mal, comenzó a observar a los nobles y consejeros del rey. Uno a uno fueron sometidos a su juicio. Cuando miraba a los inocentes, el Haetae permanecía en calma, pero al acercarse a los culpables, su cuerno brillaba con intensidad y las llamas de la justicia los consumían.
Finalmente, el Haetae se detuvo frente a uno de los más poderosos ministros del reino, quien había sido acusado en secreto de corrupción y codicia, aunque siempre había negado todo. El Haetae clavó su mirada en él, y antes de que pudiera decir una palabra en su defensa, el cuerno del Haetae brilló con una luz cegadora, revelando la verdad.
El ministro, lleno de temor, confesó sus crímenes: había robado de las arcas reales y había hecho tratos con espíritus oscuros, desatando las llamas que asolaban el reino. Con su confesión, el Haetae tocó el suelo con su cuerno, y de inmediato las llamas de la ciudad se extinguieron.
El reino fue liberado de la maldición del fuego, y el ministro fue llevado ante la justicia. El Haetae, satisfecho con el juicio, se desvaneció en el aire, dejando una advertencia: —El mal nunca duerme, pero mientras haya justicia, siempre habrá protección. Que nunca olviden el poder de la verdad.
Desde ese día, el rey gobernó con aún mayor sabiduría, asegurándose de que su reino se mantuviera justo y próspero. Las estatuas del Haetae permanecieron en pie como un recordatorio eterno de que la justicia siempre prevalece, y el fuego del mal nunca volvería mientras el Haetae vigilara.
El Haetae tiene un aspecto robusto, con la figura de un león o tigre, generalmente con un solo cuerno en la frente, y está cubierto de escamas. En algunas representaciones también puede tener colmillos prominentes y una expresión feroz, enfatizando su rol protector.